Recogida de Testimonio racista en el espacio de Igualdad María de Maeztu. ( Grupo de mujeres gitanas)

 

 

Sufrí Racismo por parte de la directiva del centro escolar.

Mi hijo fue al cole a temprana edad por decisión propia, nadie me obligó. Cursó primero de educación infantil con tres años. Sufrí racismo por parte de la directiva del centro. No lo había vivido en mis carnes hasta que me pasó esto, sentí que se tapaban entre ellos.

El primer año trascurrió con total  normalidad, pero el segundo año mi hijo venia continuamente con moratones y heridas. Yo lo achacaba a cosas de niños, a caídas sin importancia en el recreo; nadie me dijo que mi hijo era acosado por otro compañero y mi hijo tampoco me expreso nada. Cuando por fin lo hizo tampoco le di la importancia necesaria, pensé que no le gustaba el cole, sin más.

Hacia final de curso mi hijo ya vino con moratones mayores, con toda la cara arañada. Ya han ha pasado tres años y todavía tiene las marcas, a pesar del tratamiento recetado por los médicos.

Cuando fui a pedir explicaciones a su tutora, me confesó que mi hijo era continuamente agredido por otro compañero. El profesorado hasta entonces nunca me puso en aviso.

Un día fui a buscar a mi hijo al colegio y me di cuenta de que tenía la cara escocida de tanto llorar. Le pregunté a la profesora porque mi hijo había llorado tanto, ella me explicó que se había  caído en el recreo, ella no estaba, estaban las cuidadoras del comedor. Vi a mi hijo con el dedo gordo de la mano toda ensangrentada, raspada y con unas heridas lo suficientemente graves e importantes como para haberme llamado. No le habían hecho una buena cura ya que estaba cerrada la enfermería, fue su profesora quien le lavo un poco la herida. Aunque mi hijo no podía mover el dedo y tenía la mano hinchada, me dijeron que no era nada y que simplemente era una rozadura.

Ya en casa el niño no paraba de quejarse, le hice algunas curas, mimándole un poco hasta que se durmió la siesta agotado de tanto llorar. Al poco se despertó a gritos, me decía que le dolía mucho. Vi a mi hijo distinto, le encanta jugar y es muy movido, pero esa tarde estaba más tranquilo. No paraba de quejarse y la mano no mejoraba, la tenía cada vez más hinchada y no la podía mover. Finalmente  le llevamos a urgencias. Cuando le hicieron la radiografía encontraron el dedo fracturado por dos sitios.

A la mañana siguiente volví al cole a dar el aviso y a quejarme de la situación. Les pregunté si habían hablado con la madre del niño que empujó a mi hijo y qué medidas iban a tomar al respecto. No me quisieron dar explicaciones. Desde el hospital me avisaron de la importancia de inmovilizar el dedo del pequeño para evitar complicaciones, así que volví al colegio para avisar y solicitar un mayor cuidado, pidiendo que estuvieran más vigilantes con mi hijo y con el otro menor que le acosaba. La solución que me dieron es que mi hijo no saliera al recreo, como si estuviera castigado, sin tomar ninguna medida con el otro menor.

Una vez más fui a secretaria a hablar con dirección, pero no me recibieron ni me dieron ninguna otra solución.

Una mañana esperé a la madre del otro menor a la entrada del cole para hablar con ella, no quería parar porque iba con prisas, así que para conseguirlo le alcé la voz. Me respondió que llegaba tarde y que tenía que meter a su hijo a clase. Me quedé fuera esperando, y como vi que tardaba mucho me metí en el centro para ver qué pasaba. Habían llamado a la policía. Al poco tiempo se personaron los agentes tutores y a lo largo de la conversación me di cuenta de que la madre no sabía nada, el colegio no le había informado en ningún momento del incidente con mi hijo.

La directora me dijo que yo nunca me había ido a quejar al centro y que me iba a poner una denuncia por amenazar a otra madre, sin embargo ella salió al momento en mi defensa testificando delante de todos que yo nunca le había amenazado, que solo le había gritado porque ella se estaba marchando y no se paraba hablar conmigo.

Al día siguiente me puse en contacto con una asociación de bullying donde me aconsejaron cambiar a mi menor de centro, grabar todas las conversaciones con el equipo directivo y pedir un documento firmado que justificase cada vez que me personara en dirección. De esta manera podría demostrar las veces que me quejase de la situación.

Al final conseguí cambiar a mi hijo de centro educativo, ahora está mucho más contento de asistir al cole. Siempre me he preguntado qué hubiera pasado si hubiera sido al revés, si fuera mi hijo gitano el que hubiese agredido a otro menor. Como otras veces ha pasado, seguro se hubiesen tomado otras medidas que conmigo, por ser gitana, no se han tomado.

Atropellan a mi hijo y la policía me amenaza con detenerme si me acerco a la conductora del vehículo.

Ese día tenía cita médica. Mi hija me propuso acompañarme al médico así que quedamos en la entrada del centro de salud.

Me extrañó que llegara tarde, así que le llame pero no me cogió el teléfono. Al rato apareció una vecina y me comentó que bajara a la glorieta Marqués de Vadillo porque mi hijo se había caído. Me fui corriendo y cuando llegué vi a un coche de policía, no había sido una caída, a mi hijo le había atropellado una señora que, según los testigos, estaba hablando con el móvil mientras conducía.

Cuando vi a mi hijo tumbado en el suelo corrí a su lado para ver cómo estaba. El policía, sin decirme ninguna otra palabra, me amenazó con detenernos si le hacíamos algo a la conductora del vehículo. Me pudo la rabia, me levanté y le dije que era un racista, que le iba a denunciar y que quería su número de placa. No sólo no me lo quiso dar sino que mantuvo su actitud amenazante.

Al ver que la ambulancia tardaba mi hija y yo decidimos llevar a mi hijo al centro de salud más cercano, lo metieron en una sala y el mismo policía nos bloqueó el paso, cerró la puerta y nos dijo que ahí no podíamos pasar, que no se nos ocurriera montar escándalo.

Los hechos están denunciados, la policía nos trató con desprecio por el hecho de ser gitanos, nos trababa como si fuéramos los culpables y no la víctima.

Una vecina me mandó una carta que decía que para ser gitana estaba bien aseada

Recientemente en mi comunidad hubo una derrama. Yo no soy propietaria de mi vivienda, pertenece a la comunidad de Madrid, así que me puse en contacto con el IVIMA para informarme de quién tiene que asumir los gastos. Desde la comunidad me informaron de que no era yo quien tenía que pagarlo así que informé a la vecina responsable de esas gestiones de que era necesario mandar a la Comunidad de Madrid un informe y presupuesto que especificara los gastos para que lo aprobasen.

Al poco tiempo vi en el tablón de anuncios la cantidad que me correspondía pagar por gastos de comunidad, la suma incluía la cifra de la derrama. Volví a hablar con mi vecina y le repetí que no me correspondía pagar ese dinero, que existía un procedimiento para que el IVIMA asumiera los gastos. Me respondió que se haría de esa manera.

A la semana siguiente recibí una carta firmada por mi vecina y por el presidente de la comunidad. Decía que yo, como la mayoría de los españoles que trabajan, me tenía que hacer cargo de la derrama y que para ser gitana iba bien aseada, entre otras cosas  que no tenían nada que ver con la gestión económica y que aludían a los gitanos. Me daban a entender con su escrito que yo, por ser gitana, no quería asumir los gastos.

Como llevo 18 años en la finca y nunca he tenido problema alguno, se lo enseñé a uno de mis vecinos. Se mostró totalmente sorprendido, no entendía como una sola vecina hablaba en nombre de toda la comunidad. Mi vecino convocó una junta y la responsable de las gestiones defendió la misma postura que mostraba en la carta. El presidente en cambio, un señor de 80 años, se disculpó argumentando que ni siquiera sabía lo que firmaba.

Mi vecina sacó a relucir todos los estereotipos y prejuicios que tenía contra los gitanos. Por suerte llevo muchos años residiendo en la finca y todos mis vecinos me conocen.

A veces sentimos miedo o dudamos en ayudar a otras personas

A veces queremos ayudar, como el otro día. Una señora mayor iba a cruzar la carretera cargada con una bolsa, pensé en cargar con ella y por lo menos ayudarla a cruzar pero me quede pensando: “Vete tú a saber, igual piensa que lo quiero es robarle la compra” por lo que se me quitaron las ganas. Estaba totalmente dispuesta incluso a subirle la compra a casa, pero me echó para atrás la experiencia. Cuando queremos hacer un bien, te hacen un mal a ti, y lo primero que piensan es que queremos robarles.

A veces tenemos  que  renunciar a nuestra esencia

Cuando queremos ir a un sitio y no llamar la atención nos vestimos de forma distinta. Nosotros nos caracterizamos por un arreglo, un atuendo y un peinado característico. Lo que está claro es que si queremos estar en paz tenemos que renunciar a nosotros mismos.

Siempre sospechan de nosotros.

Testimonio 1

El otro día entré al supermercado, es un sitio al que suelo ir con frecuencia y conozco hasta las cajeras. El guarda no paraba de seguirme a todos lados, así que  cuando llegue a la caja le pregunte porque lo estaba haciendo. Me dijo que estaba haciendo su trabajo a lo que le respondí dije que a la única que seguía era a mí, que parecía la reina Leticia porque tenía escolta. Tuvo que ser la encargada del centro la que le dijo que todo estaba bien, que era cliente habitual.

 

Testimonio 2

Algo que nos ocurre mucho es que los guardias nos siguen por los establecimientos. Un día le dije a uno de ellos que le iba a dar mucho trabajo, que iba a comprar ropa para el niño y que si quería ahorrarle todo el trabajo podía enseñarle el carro antes de irme.

 

Testimonio 3

Una vez entré al supermercado. Como llevaba el carrito del niño no podía llevar cesta, así que aproveché la parte de abajo del carrito de bebe para meter todo la compra. Cuando llegué a caja saqué toda mi compra y le enseñé a la cajera todo el carrito para mostrarle que eso era todo. Metí toda la compra en bolsas y las colgué de nuevo en el carrito. Al momento me paró un guardia de seguridad. Me pidió que le enseñara la cesta del carrito y así lo hice. El guardia sospechaba sin duda alguna que yo me había llevado algo, así que me hico levantar la manta del niño y, al ver que no había nada, me hizo repasar con él cada uno de los artículos que llevaba en las bolsas. No sólo todos me conocen en el centro, sino que la alarma no había sonado. La cajera había  informado al guardia que le había enseñado el carro, que era clienta habitual y que siempre lo hago así porque no puedo ir con el carro del bebe y carro de la compra.

 

Llamé a la encargada y me quejé. Cansada de que siempre que voy a comprar me sigan puse una hoja de reclamación. Insistieron para que no la pusieran pidiéndome perdón, acepte sus disculpas pero puse la hoja de reclamaciones igualmente. Soy una clienta que viene todos los días al súper, al igual que mi familia. Estoy de acuerdo con que haya vigilancia, pero hay que centrarse en quien roba y siempre y cuando existan motivos para creer que puede haber algún hurto. No por ser gitana voy a robar.

 

Testimonio 4

Mi hermana compró una prenda en una tienda de moda y a las dependientas se les olvido  quitar la alarma. Ella siguió comprando hasta que entró en una  tienda y pito la alarma. El guarda de seguridad de la nueva tienda le pidió que le enseña el ticket, ella no tuvo problemas en mostrárselo junto con la etiqueta que mostraba el mismo precio. La llevo de la mano hasta la tienda, recorriendo los pasillos del centro comercial con la prenda en la mano, mientras todo el mundo miraba y sacaba sus propias conclusiones. Las de la tienda corroboraron que lo había comprado ahí y que se le había olvidado quitar la alarma, le pidieron perdón, pero la vergüenza y el daño ya estaba hecho. En otros casos, los que se suele decir es que vuelva sin más a la tienda para que le quiten la alarma.

Piensan que somos machistas

Un día fui al mercado y en la carnicería había mucha gente. Un gitano estaba esperando fuera en el coche y entró preguntándole a su mujer que por qué tardaba tanto y que llevaba tiempo esperando. Una señora se le quedó mirando y le recriminó en alto al grito de “gitano tenías que ser, qué machista”.

 

Se olvidaron que era una adolecente, sólo importaba que era gitana  

En el piso de mi madre no vive ninguna familia gitana más. Como no tenemos su deje no sabían de donde éramos, todo fue bien hasta que descubrieron nuestro origen. Fue todo un shock para los vecinos que desencadenó un racismo impresionante.

Una vez siendo yo adolescente puse la tele, un canal que ponían videos clip del momento. Mis padres no estaban en casa, ellos no me dejaban poner la música alta pero aprovechando que estaba sola y que sonaba la primera canción de Niña Pastori que me encantaba, subí el volumen de la TV. Antes de que terminara tenía a la administradora de la finca ante mi puerta,  preguntando qué estaba pasando, que si tenía en casa un tablao flamenco, castañuelas, cajones flamenco o qué. Le conteste educadamente lo que había pasado pero me respondió al grito de “todos los gitanos sois iguales” entre otros insultos.

 

Nos dicen que olemos mal….

Mi hermano de dieciséis años tenía planeado ir al rio y mi madre le preparó una tortilla de patatas para que comiera al día siguiente. En mi casa no estábamos acostumbrados a freír comida y menos por la noche.

A la mañana siguiente mi hermano abrió la puerta y una vecina le roció la cara con el pronto de los muebles. Mi madre salió al descansillo alarmada por la tos de mi hermano. La vecina no sólo no se disculpó sino que nos recriminó todo lo que guisábamos y lo mal que olíamos.

 

Cuando vamos a denunciar, no nos creen

Al final lo gitanos no solemos denunciar este tipo de situaciones, estamos cansados de que siempre nos cuestionen y no nos crean. En comisaria nos desalientan a que llevemos a cabo la denuncia, recordándonos los gastos que implican y que no tenemos testigos. Nadie nos va a creer.

 

A la hora de buscar empleo, lo tenemos más difícil

Sentimos que cuando estamos buscando trabajo nos cierran todas las puertas, lo tenemos mucho más difícil que cualquier otra persona por muchos cursos y formación que tengamos. Siempre contratan a otra persona antes que a un gitano.

Para entrar al mercado laboral tenemos que  renunciar a nuestra identidad, no podemos decir que somos gitanos. Hay muchos chavales jóvenes que han entrado a trabajar en tiendas  y cuando va alguien conocido le tiemblan la cara con miedo a que les descubran. No podemos decir abiertamente que somos gitanos. Hay que pasar desapercibidos, nos vemos atrapados y si queremos puesto de trabajo tenemos  que mentir. De esta forma nunca se visibilizan los puestos de trabajo que están ocupados por gitanos, que son muchos.

Ana

 

Me llamo Ana y soy de Ecuador.

Trabajaba en una cadena de moda conocida. Tras 7 años de experiencia me promocionaron y me hicieron encargada, a muchos de mis compañeros no les gustó la idea de estar a cargo de una ecuatoriana. No criticaban mi trabajo, no se quejaban de mi persona, simplemente no era española, así que amenazaron a mis superiores con marcharse de la empresa. Mis compañeros no valoraron mi experiencia, lo único que no les gustaba era que fuera de otro país.

Nadia

 

Me llamo Nadia y soy de Marruecos.

Eran las 4 de la tarde, estaba dando un paseo cuando me di cuenta de que había un hombre  siguiéndome en un coche. Me hacia la disimulada e intentaba alejarme de la carretera pero él aceleraba e intentaba acorralarme. Me miraba con odio, de una forma muy agresiva, y entre insultos racistas me hizo un gesto con la mano que me hacía entender que me quería matar. Me entro  mucho miedo, casi quede paralizada. Entré a un locutorio cercano  a refugiarme y llamé a un familiar para que me vinera a recoger. Él entro tras de mí y me quede encerrada en una de las cabinas.Me insultó y recriminó hasta que se fue.

El miedo no me dejo fijarme en la matricula del vehículo y nunca llegue hacer  la denuncia a la policía. Tenía miedo.

 

Tsimini Nsombolay (Frank T)

 Frank T.jpg
“Yo trabajaba en una empresa de unas 500 personas donde era el único negro, era una empresa alemana y había alemanes en la plantilla. Un vez hicieron una lista para algo que no recuerdo, delante de mi nombre se hallaba el de un compañero alemán, era algo así como KARL HEINZ SHOENEKEN. Una compañera española leyó mi nombre completo y dijo: “que nombre mas raro tienes”. Claro, el del alemán supongo que era super común”.
Frank T es un conocido y reputado rapero afroespañol especialmente implicado en el combate contra el racismo en todas sus formas. Le agradecemos que participe en la campaña DTR enormemente.

Christian

A la salida de la escuela me disponía a cruzar por un paso de peatones. Un coche no respeto la señal de trafico, así que miré a su conductor y le hice un gesto mostrando mi descontento mientras le decía “¿Qué haces?“.

El conducto del vehículo paro y se bajo del coche. Empezó a gritarme enfadado diciendo que no sabia cruzar, que me fuera a mi país entre otros grandes insultos en referencia a mi color de piel.

Ana

Estaba en búsqueda activa de empleo y una amiga, que trabajaba en una conocida cadena de supermercado, me comento que estaban buscando personal así que le pase mi CV.  Se pusieron en contacto conmigo para decirme que no era el perfil que necesitaban, ya que estaban buscando a un hombre, así que le dije a mi pareja que fuera y probara suerte.

Tras presentar su candidatura fue incapaz de conseguir una entrevista. Después de preguntar por los motivos y recibir varias excusas, finalmente admitieron que estaban buscando a una persona autóctona.

Tanto mi pareja como yo somos de origen ecuatoriano, pero ambos tenemos la nacionalidad  española.

Silvia

“Cuando no entendía bien el español notaba más inseguridad, y me decían (y todavía hoy), anda mira, una china. Y no sé qué les sorprende tanto de que sea china, si somos muchos aquí. Me han dicho muchas veces si como perro, y la verdad que me sienta muy mal que me pregunten esa tontería. No sé por qué será. Una vez iba con una amiga hablando y una señora me mandó callar, y ella gritando me dijo: es que habláis gritando”. Silvia lleva más de 9 años ya en España y habla perfectamente castellano.

Marina

“Vivo en Madrid desde el año 98 que vine de Bolivia a trabajar a una clínica hospitalaria, con el contrato ya firmado desde allá. El caso es que el primer día que llego a la clínica me pregunta un enfermero cabreado si yo sé leer y escribir. Yo, que soy médico y cirujana! Me indignó esa falta de respeto, no sólo porque creyera que yo era una paciente, sino por cómo lo dijo. Ahora dirijo la clínica”. Marina cree que los jóvenes son más racistas e irrespetuosos y es con quien ha tenido más problemas en el transporte público y en la calle.

Mohammed Azouagh

“A nosotros siempre nos dan los trabajos de mierda, los que no quiere nadie. Y nos dicen que venimos a quitar el trabajo, ¿Cuál trabajo? ¿El que no quieren? Yo te voy a contar que los familiares de mi chica, mi mujer, a pesar de tantos años, no me tratan bien. Me miran mal, desconfían, pero todo sin decir nada, sólo con la actitud y la manera de estar, ¿sabes? Ellos son españoles y parece que no llevan bien que su hija esté con un marroquí”. Mohammed no tiene permiso de residencia y en ese momento aparece la policía en la plaza de Oporto, donde recogíamos testimonios y me dice que siente que tiene que irse, que en otra ocasión seguiremos hablando

Luis

Es de origen ecuatoriano y recuerda que cuando vino por primera vez a vivir a Madrid le decían en ocasiones “Vete a tu puto país!”. “Recuerdo una vez en la que la policía vino por acá, por esta calle toda entera siguiéndome en el auto. Yo continué andando pues iba a trabajar hasta que al final de la calle ya llegando a Oporto me pararon y me pidieron la documentación. Pues qué tenía en la mochila y yo le dije que la comida que iba al trabajo ¿o es que no ven? Sentí una gran impotencia esa y otras veces porque sé que me paran porque soy de fuera”.

Cisne

Mi primo quería alquilar un piso en la calle Gran Vía a través de una agencia. Tras ver la vivienda y estar conforme, envió todos los documentos necesarios para que le dieran el visto bueno: el contrato de trabajo, las tres ultimas nominas, vida laboral… lo tenía todo.

Cuando el casero nos vio (yo fui acompañando a mi primo) nos empezó hacer algunas preguntas que mostraban desconfianza y nos pidió un requisito mas: que alguien de nuestra red social, con vivienda en propiedad, pusiera su casa como aval y así garantizar el pago del alquiler.

El problema no estaba en los requisitos, sino en el cambio de actitud que mostró el casero desde que nos vio. No le gustaba la idea de alquilar la vivienda a un negro, era claramente una discriminación racial.

Preferimos seguir buscando y no alquilar esa vivienda.

Borja

 

Borja“Yo convivo con ecuatorianos y sé que mucha gente les dice que se vayan a su país, que nos están quitando el trabajo. Pero digo yo que quien da o quita trabajo son los empresarios, no los inmigrantes” nos cuenta Borja en la plaza de Oporto. “Los ecuatorianos, los latinos, son gente muy trabajadora y buenos amigos. Como en todos lados hay gente para todo” afirma. Borja es licenciado en Derecho, actualmente vive en la calle y hace unos meses, asegura, intentaron prenderle fuego en la misma plaza de Oporto dos jóvenes a plena luz del día.